Saltar al contenido

Historia de un reflejo

Fantasma en el Espejo

Primero voy a describirles donde vivía para que tengan una idea de donde sucedió todo. Vivía en unas casa pequeña pero agradable, de tres cuartos, una sala comedor y una terraza en la parte posterior donde estacionábamos el carro, esta a su vez colindaba con el cuarto de mi madre, tenía un patio de unos doscientos metros cuadrados, con árboles frutales, lo normal.

En aquel entonces no teníamos cerca de ciclón. Teníamos una cerca de arbustos sembrada de papos (Cayenas) de más o menos tres metros de altura, que nos permitía un poco de privacidad con los vecinos.

Una noche, después de darme un baño, fui al cuarto de mi madre a lidiar con una espinilla que tenía una cuenta pendiente. El baño tenía un espejo grande y había buena luz, el espejo estaba ubicado en la pared contra la ventana, por lo que el reflejo daba hacia el patio, que por cierto estaba muy oscuro.

En Panamá la mayoría de las ventanas tienen cedazo para que no entren los insectos, pero tienen un problema, durante el día se puede ver claramente hacia afuera, pero de noche no vez mas allá de él, y como muchos sabrán, se ve mejor desde afuera.

El caso fue que mientras me secaba la cara, mire el espejo y como si estuviera en peligro mire el espejo buscando que provocaba esa sensación, pero lo único que podía ver por él, era el reflejo de un cedazo gris. Pero, solo lo pude hacer por unos segundos y no sé qué sucedió, pero tuve que bajar la mirada o algo me obligó a hacerlo y créanme no tuve valor para mirar otra vez “Tenía miedo de mirar”. Por primera vez, sentí un miedo terrible, me sentí vulnerable, una sensación de acechó, el miedo fue tan grande que me paralicé por completo, no podía hablar, recuerdo que balbuceaba palabras pero no vocalizaba nada que se entendiera y con un volumen de voz que tal vez nadie me escucharía, sentía como el cabello de mi nuca se erizaba y que la piel se me ponía de gallina, pero no podía ver nada, sentí como si el tiempo se detuviera. Fue una eternidad.

No sé cuantos minutos pasaron, pero poco a poco pude moverme, gané fuerzas o lo que estaba influenciando ese miedo se alejaba, pero pude sentir que me movía y mire nuevamente el espejo, lo que vi fue mi rostro pálido y con las ojeras marcadas como si no hubiera dormido en días. Lo siguiente que hice fue intentar salir de ese cuarto. La puerta no estaba a más de un metro pero me parecieron diez. Una vez estuve fuera de aquel cuarto me dirigí por el pasillo al último cuarto donde mi madre veía televisión. Intenté no ver por la ventana ya que esta también da hacia el patio.Me pare frente a ella. Me miró y me preguntó ¿Hijo, que te pasa? porque estas tan pálido, no sabía si llorar o gritar por lo que me había sucedido, estaba destruido, lo que recuerdo fue que le dije, “Tengo miedo, mucho miedo”, vi la preocupación en sus ojos y asustada me dijo: me estas asustando, que te pasó, ¿Miedo a que?

Ella me abrazó y dijo: estas temblando, estas frío…
No le pude contestar nada más, pasaron tal vez quince o veinte minutos, hasta que le pude contar lo que me había sucedido. No podía creerlo.

Y así como el miedo llegó, se fue… así de simple. Esa misma noche poniéndome a prueba, me dirigí a la puerta trasera, la abrí y salí al patio de mi casa en medio de la noche. Me preguntaba a mi mismo “Que fue esó”.