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La leyenda del Puente del Diablo

Se cuenta que en tiempos inmemoriales, cuando espíritus y demonios caminaban de forma más libre entre los hombres, vivió en una remota, pacífica y algo más que solitaria comunidad una pareja campesina con grande sembradíos de maíz que se dedicada a labrar la tierra y sacar alimento con el sudor de su espalda para la subsistencia de su pequeña familia. El campesino trabajador se había visto obligado a ubicar parte de su gran sembradío al otro lado del rio que dividía sus terrenos por lo que día tras día se veía en la necesidad de cruzar el dichoso riachuelo desde su casa a su lugar de trabajo varias veces a lo largo de su jornada.

Años pasaron en esta evidentemente incómoda situación hasta que una tarde, tras regresar más agotado que nunca, el pobre campesino rezaría al cielo las palabras que atraerían a su vida la mayor lección jamás aprendida por un hombre sobre la tierra.

“Cuan cansado estoy”-Exclama dejándose caer en una silla destartalada – “De atravesar día tras día ese dichoso rio. ¡Juro! Que vendería mi alma al diablo con tal de que hiciera un puente que facilitara mi labor”

Lucifer quien siempre está al pendiente de los ruegos de los hombres y busca como atraer nuevas almas al abismo se presentó de forma inmediata vestido en un elegante traje negro y con la más inocente de las sonrisas exclamó. “Por supuesto amigo mío. Yo, encantado, haría ese puente por usted. Pero…” – Prosiguió ensanchando su sonrisa- “Tendrías que aceptar una condición: Si el puente está terminado antes del canto del primer gallo, tu alma seria mía por toda la eternidad. ¿Estás de acuerdo?”

El pobre campesino quien aún no salía de su estado de estupefacción acepto el trato pensando, como es lógico, que la construcción del puente en solo unas horas era totalmente imposible. Pero lo que es imposible para los hombres no lo es tanto para el rey de los abismos, quien inmediatamente puso a su red de discípulos a trabajar.

Las horas empezaron a correr y la mortificación del campesino crecía y crecía pues el puente rápidamente tomaba forma ante sus propios ojos y el temor por la pérdida de su alma le oprimía el corazón. Cuando ya se acercaba el amanecer y el puente se encontraba levantado en su mayor parte la amable esposa del campesino se le ocurre arriesgar su única carta y exclama – “No te preocupes por tu alma esposo, yo la salvaré”- Sin decir nada más sale sigilosamente por la puerta trasera y se cuela en el gallinero.

Ha escondidas comenzó a pisotear y cantar fuertemente como un gallo, prontamente las gallinas se alborotaron y empezaron a cacarear; Mientras que en el puente, casi a punto de colocar las últimas piedras para concluir, los trabajadores de Lucifer se vieron obligados a desaparecer sin llevar consigo el alma del campesino que por siempre agradeció a su esposa la muestra de ingenio y de valor.

Pero lo más curioso aconteció en los años siguientes cientos de personas trataron sin éxito de terminar la construcción del puente, pero con cada piedra que colocaban un par más se desmoronaban por lo que pronto dejaron de intentar. Cuenta la leyenda que el puente solo puede ser terminado por el mismo diablo y que este solo lo hará a cambio de un alma humana ofrecida voluntariamente.

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