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Los animales de Don Martín

Los animales de Don Martín - Cuentos de Terror Cortos

Aquella mañana fresca; el viejo Martín se dirigió a la troje para tomar algunas mazorcas y colocar una cantidad suficiente en una bandeja de plástico; tenía la costumbre de usar tal recipiente para en él desgranar el maíz, mismo que utilizaba para alimentar a sus gallinas.

Se dirigió hacia la cocina donde su esposa ya lo esperaba con un café recién preparado; al calor del fogón entre los dos comenzaron a separar los granos de los olotes para luego llevarles de comer a sus aves.

Martín y su esposa era un par de ancianos que al parecer habían sido olvidados por sus tres hijos quienes siendo aún muy jóvenes decidieron probar suerte en otras tierras. Esto no era impedimento para que la pareja luchara por subsistir sembrando algunos surcos de frijol y maíz; combinando tal actividad con la crianza de gallinas y algunas cabras.

El viejito se dirigió al corral para darle de comer a las aves, pues con la carne y huevos de éstas la crianza avícola se había convertido en una actividad de gran importancia en aquel hogar. Con ello aseguraban el disponer de materias primas para la alimentación del senil matrimonio.

Siempre fue muy cuidadoso con su granja por lo que les había adecuado una pequeña casita de adobe, donde todos los días al caer las noches la encerraba para protegerla de los animales silvestres y las inclemencias del tiempo.

Ese día anterior no dejó de ser la excepción, recordaba el haber atrancado la puerta de manera segura con una tabla y una piedra de gran tamaño; pero en esa mañana algo raro pasaba. Martín movió la cabeza en señal de que no todo estaba bien pues miró la entrada del hogar de sus aves sin protección, percatándose también que se encontraban varias plumas sueltas en el gallinero.

Pensando lo peor llegó hasta el lugar de los hechos y se dio cuenta que todos sus pollos y gallinas estaban sin vida. No podía explicarse cómo no habían escuchado ningún ruido extraño su esposa y él esa noche del suceso. Tenía suficiente experiencia y sabía que algo así debería haber ocasionado bastantes ruidos y alboroto en sus animales.

Estaba seguro de que la noche había transcurrido de manera pacífica; pero al mirar tal escena se preocupó al ver el daño ocasionado por algún ser raro; el desconcierto aumentó más al no encontrar rastros de sangre; sólo halló dos incisiones bien marcadas en el cuello de las aves.

Con tristeza colocó más de veinte ejemplares de gallinas y pollos en su vieja carretilla, en la parte superior tapó con un poco de paja de frijol encaminándose hasta un arroyo ubicado a las orillas del pueblo. Cuando vació el contenido de la carrucha se quedó muy pensativo; entonces llegó a su mente lo que en días recientes había informado la televisión sobre la posible existencia de una criatura extraña que estaba acabando con ovejas y cabras en varios estados del país.

Se acordó de sus doce chivas que tanto le habían costado; de inmediato se dirigió a su casa; cómo pudo levantó las bardas del chiquero, techándolo con lo que tuvo a su alcance y se dijo: Si tengo que dormir con mi ganado para defenderlo del “Chupacabras” lo haré.

A pesar de que nunca ha pasado algo extraño después de aquel incidente, el viejo Martín desde hace dos años se despierta todas las noches y con su rifle en mano realiza rondines vigilando para cerciorarse que su rebaño se encuentra bien.

Historia original de José Manuel Busso  © 2014 – 2015