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Cuentos de Terror: Lada al más allá

Lada al Mas Allá - Cuentos de Terror Cortos

Para quienes disfrutan los cuentos de terror y les gusta leer historias de miedo inventadas, esta vez les ofrecemos un espeluznante relato corto, cuyo autor es Juan Pablo Rivera Machado, esperamos que sea de su agrado.

En el kilómetro trescientos dieciséis por la autopista conocida como “ruta 500” hay un viejo álamo que demarca la entrada de la antigua carretera que conduce a uno de los poblados abandonados en el Norte de México y que se conoce con el nombre de “Compuertas”. Los conductores no pueden dejar de sentir escalofríos cuando pasan por ahí.

Cuentan que durante los días más fríos del invierno, la espesa neblina cubre el llano y el aspecto del viejo árbol se vuelve más tétrico. Sus ramas semejan garras que amenazan con alcanzar a los viajeros y sacarlos de la rúa. Hay muchas cruces clavadas alrededor como resultado de los innumerables accidentes que se han presentado en ese tramo carretero a lo largo de los años.

Una de las noches más heladas del año 2010 Jacobo circulaba por la ruta 500 cuando poco antes de llegar al poste 316 su coche empezó a fallar, pensó en frenar pero el horrendo paisaje lo hizo seguir adelante. “A vuelta de rueda” y haciendo alarde de valor y destreza tomó hacia la derecha con rumbo al abandonado pueblo de “compuertas”.

Por espacio de media hora condujo sin parar, con la esperanza de encontrar algún taller mecánico o cuando menos toparse con alguna persona con quien platicar y pasar la noche. Con la neblina a tope y con la visión entorpecida logró ver a lo lejos una luz intensa, viró el auto a la izquierda para seguir aquel destello y se internó en una vereda no menos tétrica que el panorama inicial.

El rayo incandescente emanaba de una antigua Gasolinera olvidada durante la década de los 80’s. Cautelosamente se estacionó bajo el oxidado techo de láminas y descendió del vehículo. Le pareció ver de reojo, una sombra negra que salió prácticamente corriendo cuando puso el primer pie sobre el accidentado pavimento. -Debió ser el viento que arrastró alguna rama- se engañó con la intención de calmarse.

De la oficina principal salía la luminaria sólo que ya de cerca, parecía menos intensa, tocó fuertemente los marcos despintados de la puerta pero nadie contestó al llamado. Decidido a obtener una respuesta forzó una de las hojas de madera y entró al polvoso cuarto.

Ya adentro la luz se tornó rojiza y se percató que se encontraba en una especie de sala de espera. Los latidos de su corazón se aceleraron cuando notó que no se encontraba solo, a su alrededor había gente que miraba fijamente hacia el pequeño cuadro de luz.

-Tome asiento y espere su turno por favor- escuchó que le indicaban a través de una especie de megáfono.

No muy convencido, Jacobo accedió a la ordenanza, la fría lamina metálica del mueble le provocó la sensación horrible de estar descansando en una fría lapida, sin embargo se mantuvo estoico algo en su interior, le decía que estaba a salvo y a punto de salir de ese atolladero.

Durante minutos observó como uno a uno iban caminando “mecánicamente” las personas. Se posicionaban en silencio en el epicentro y el esplendor de aquel “cubo de luz” aumentaba al instante, para después volver a su estado mínimo, pero de los transeúntes no se veía regreso alguno.

De repente sintió una áspera mano tocar su antebrazo, sin voltear escuchó una voz gutural que le preguntaba: – y tú ¿dónde moriste?, ¿sabes la lada que tendrás que marcar para llegar a dónde vas?-. Un escalofrío recorrió su espina dorsal pero aun así logró zafarse de la escuálida extremidad para posteriormente salir en estampida internándose en la brisa que continuaba sumamente espesa.

No supo ni a donde ni por cuánto tiempo corrió, lo importante era ponerse bajo resguardo, cuando se sintió seguro se acurrucó al lado de lo que parecía ser la barda de una construcción y se quedó dormido hasta que los rayos solares lo despertaron.

Al abrir los ojos se percató que estaba en medio de un cementerio o algo parecido, siguió el sonido del ruido constante de neumáticos en movimiento. Ahí estaba la autopista ante sus ojos, sin pensarlo, empezó a hacer señales levantando desesperadamente los brazos.

Un automóvil de modelo antiguo se detuvo y a toda prisa se trepó azotando la puerta como intentando dejar atrás aquella pesadilla. ¡Estaba a salvo!… ¡Vivo!..¡Vaya aventura!.. Balbuceaba mientras el piloto lo observaba como poseído y lo invadía de preguntas que no escuchaba o no entendía y mucho menos podía responder.

No supo en que momento llegó a su casa. Una semana después de aquel espeluznante día, descansando en la sala, escuchó el silbido del cartero que le dejaba correspondencia. Con una taza de café en su mano salió tranquilamente a revisar el buzón y encontró un sobre de color blanco con un extraño remitente: “El más allá”.

Lo abrió ansioso pensando que era tal vez una broma de mal gusto pero quedó “en shock” al ver que dentro del mismo estaba una de las placas de su coche y al reverso aparecía un mensaje en tinta roja que decía: “Su Lada y Número es 01-316-500-20-10”.

Esperamos que disfrutes nuestros cuentos de terror, próximamente seguiremos publicando más historias de miedo que ojalá resulten de de tu agrado.