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La bruja maruja

Había una vez una bruja que se llamaba Maruja, era muy vieja y estaba bastante sola, pasaba sus horas haciendo hechizos y maldiciendo a aquellos que querían molestarla. Maruja no era una mala persona, sólo que era muy pero que muy enojona. Los niños del vecindario de la Bruja Maruja sabían que era una vieja cascarrabias, pero lo que ignoraban era su capacidad de hacer increíbles trucos de magia. No sabían con quien estaban tratando.

En sus ratos de juego de cada día, los chicos mas traviesos del barrio le tiraban piedras en el tejado para interrumpir las largas siestas de Maruja.

La bruja Maruja aguantó pacientemente cada día que el impacto de las piedras sobre el tejado de su vieja casa la molestara, hasta que un buen día, el peor niño del barrio, Pedrito, que era el más travieso y malo de todos le tiró una piedra tan fuerte que entró por la ventana de la casa de la bruja, rompiendo el cristal y dándole un buen golpe en la cabeza a Maruja.

Maruja se enfureció tanto con Pedrito que tras varias horas preparando un hechizo con patas de rata y pelo de hormiga convirtió con un conjuro a Pedrito en una piedra con ojos y cara. Los otros niños, al ver a Pedrito en ese estado se asustaron tanto que no volvieron nunca más a tirar piedras a la casa de la Bruja maruja. Quién por una vez pudo dormir una tranquila y larga siesta.

Tras unos cuantos días convertido en piedra, Maruja decidió volver el niño a su estado natural, haciéndolo otra vez un niño de carne y hueso. Se dice en el barrio que a partir de ese momento el niño no haría ninguna travesura más y que desde ese día es el mejor estudiante de todo el colegio.