Leyendas de Terror: La Sayona

Hace mucho tiempo una señora que vivía en un pueblo tuvo una niña a quien le dio por nombre Melisa. Con el tiempo la pequeña fue creciendo en un hogar lleno de amor y dulzura, hasta que con los años se convirtió en una bella mujer de cuerpo esbelto, cara hermosa y unos largos cabellos negros. Ella era envidiada por mujeres y deseada por muchos hombres, su atractivo y belleza era indudable; sin embargo, ella nunca se había enamorado.

Tenía la costumbre de ir a un lago a bañarse, disfrutaba sentir el agua en su cuerpo; pero ese día a diferencia de los otros, mientras se bañaba miró entre los árboles a un hombre y sorprendida, en vez de reaccionar de alguna forma brusca fue todo lo contrario. No se sintió avergonzada ni asustada, solo lo miraba, mientras que él admiraba la belleza de Melisa en silencio. Pasaron los días y ella se encontraba con aquel hombre en el lago muy a menudo, hasta que éste decidió invitarla a salir y poco a poco se fue enamorando perdidamente de él.

La Sayona - Leyendas de Terror

Al cabo de un año, ellos estaban sentados en unas de las piedras que se encontraban a las orillas del lago y él le dijo a ella:

— Melisa, amada mía, lo he pensado mucho y nunca había conocido a una mujer tan hermosa como tú, ¿Te casarías conmigo?

— ¡Sí! Acepto. —Respondió muy feliz y emocionada.

Después de pasar dos meses de aquella declaración de amor; realizaron una gran boda, donde asistió todo el pueblo. Querían compartir su felicidad con todos, tanto así, que asistieron personas que ellos no conocían; pero no eso les importaba.

Al comenzar la boda, todos se pararon para ver entrar a la novia, su amado estaba en el altar esperando a su llegada, ella entró con un vestido blanco que hacia resaltar su hermoso cabello. A todos los hombres de inmediato les llamó la atención tal mujer, en especial a uno de los mujeriegos más conocidos en el pueblo.

Luego de que culminara la ceremonia hicieron una gran fiesta, Melisa y su enamorado estuvieron casi toda la noche juntos; sin embargo cuando él por un instante se apartó de su mujer para atender y conversar con algunos amigos a ella se le acercó el ruin mujeriego que no mostraba para nada respeto por la recién casada y le dijo:

—Qué hermosa te ves, lástima que no fui yo con quien te has unido hoy. —Susurró aquel hombre—. Mirándola de arriba abajo sin escrúpulo alguno.

—Gracias por el cumplido; pero me casé con quien debía. —Contestó indiferente alejándose del sujeto.

Pasaron dos años de aquel acontecimiento y el matrimonio ya había tenido un bebé. La madre de Melisa iba regularmente a visitarlos, llevaba muy buena relación con el esposo de su hija y en ocasiones parecía muy extraña esa cercanía entre ellos.

Un día Melisa fue a comprar unas cosas y se encontró en el mercado del pueblo al mujeriego que había conocido el día de su boda. Desde aquel momento aprovechaba cualquier oportunidad para cortejarla porque desde la primera vez quedó enamorado de ella y en esa ocasión, sin saludarla con un cumplido como solía hacerlo acercándose le preguntó:

—¿Desde cuándo te aguantas que tu esposo te sea infiel con tu madre y aún sigues con él?

—¿Por qué dices eso? —Le preguntó sorprendida, con los ojos bien abiertos.

—Los he visto besándose. —Respondió cínicamente el malvado hombre.

Melisa en ese momento no supo cómo reaccionar, los celos y la rabia se apoderaban de ella; era la primera vez que experimentaba esos sentimientos malsanos. Desde hace mucho sospechaba que algo así sucedía frente a sus ojos y por fin alguien se lo confirmaba.

Aunque en realidad no era así, ese hombre le estaba mintiendo por el hecho de que no encontraba la manera de hacer que dejara a su esposo y fuera para él, pues entre la madre de Melisa y su yerno sólo existía una cordial y sana relación.

Incorporada, llegó a su casa donde estaba su marido durmiendo en la cama de ellos con su bebé a un lado. Atrancó la puerta del cuarto y le prendió fuego a la casa con su pareja e hijo dentro. Los vecinos se dieron cuenta del incendio demasiado tarde, ya habían muerto quemados estos dos pobres seres, víctimas de un ataque de celos.

En esos momentos, Melisa ya iba en camino hacia la casa de su madre aún llena de odio por dentro. Al entrar agarró un cuchillo que estaba colocado en la mesa, se dirigió hasta donde estaba su madre y sin avisarle la empezó a apuñalar con saña. Mientras sus manos se manchaban de sangre ella gritaba: ¿Por qué?, ¿Por qué estuvieron juntos mi marido y tú?

La madre moribunda y con el poco aliento de vida que le quedaba le gritaba que ellos no habían tenido nunca nada; pero Melisa seguía clavando aquel cuchillo lo más adentro que podía. Con ello le arrancaría por completo el hilo de vida que quedaba de la desventurada mujer.

Luego de cansarse de apuñalarla, solo se arrodilló al lado del cuerpo de su madre; pero ella ya estando casi muerta se acercó lo más que pudo a su hija y le dijo en el oído: Te maldigo, ahora Sayona serás por siempre y nunca descansarás en paz, Amén.

Luego de eso, Melisa se dio cuenta de lo que había hecho, no lo soportó y se suicidó; sin embargo, como dijo su madre, su alma nunca pudo descansar es paz.

Cuenta la historia que ella; a eso de las 12:00 en plena madrugada, vagaba en lo profundo de la noche y a los hombres infieles que andaban por la calle los seducía, atrayéndolos con la belleza que la caracterizaba cuando vivía, con la única diferencia que su cara nunca se podía mirar hasta que lograba su cometido y el hombre ingenuo que había sido seducido se acercaba.

Su cara se tornaba horrible, en vez de sus ojos sólo estaban unos horribles huecos negros, tenía una sonrisa gigante y sádica, que mataba literalmente del susto a cualquiera. Se dice que aún en la actualidad anda por ahí sin rumbo alguno, asustando por la noche a cualquier hombre tan estúpido como para caer en su maliciosa trampa convirtiéndose así en una de las Leyendas de Terror más escalofriantes que se cuentan por ahí.

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  1. ines, comentó hace 1 mes:

    muy buena historia…me gusto